domingo, 12 de agosto de 2007

Tres párrafos sobre Educación y Televisión



El presente texto forma parte de la monografía "TELEVISIÓN Y EDUCACIÓN: Una propuesta educativa a través de la televisión". realizada durante marzo de 2007, para el ramo Semiotíca de Cultura Audiovisual del Magíster en Comunicación de la Universidad Diego Portales. Para más información, recurrir a la fuente.




Aún persiste la idea generalizada en los hogares de una televisión alienante, que divide y va acabando de a poco con la comunicación y los valores al interior de ellos. Nada más basta recordar que este concepto de división fue parte de la línea argumentativa de un spot publicitario de gas licuado, el que comparaba el calor de hogar provocado por una cocina a gas con la frialdad del microondas y el estilo de vida moderno impersonal que obligaba a los personajes a refugiarse en sus habitaciones con un televisor. Esta idea también es posible escucharla en muchos relatos de madres trabajadoras que prohíben ver televisión a sus hijos como medida para evitar el ocio, la entretención y la risa. A mi juicio, una manera simbólica para manifestar la temida alineación del ser humano frente a un dispositivo en extremo atrayente e incontrolable. La etnografía ha constatado que en situación familiar de recepción ocurre lo contrario, “las madres de familia aprecian los programas de entretención en horarios vespertinos, y favorecen un visionado colectivo“
[1]. Esta situación abre el debate sobre la función de la televisión como medio educativo, al parecer existe un gran potencial de uso de este medio para objetivos de formación, pero existe algo que impide que la televisión se vea como una herramienta útil. La discusión parece centrarse sobre la definición de educación o al menos la educación a través de la televisión.

El modelo educativo actual, que regula la situación de la escuela y del aprendizaje que los niños realizan en el hogar, está regido por un marco que vela por el desarrollo cognitivo de los jóvenes, es decir, desarrollar el raciocinio lógico y el análisis para implementar modelos conocidos en nuevas situaciones que representen una problemática que necesite una solución. Este esquema deja de lado lo afectivo, lo subjetivo, lo aportado por cada individuo que hace de su experiencia una experiencia única e irrepetible. De esta manera, un programa de televisión es considerado como educativo si cumple la finalidad antes descrita, por lo tanto, desde el modelo educativo se le exige a la programación una orientación clara, un objetivo, una didáctica expresa: “…podemos considerar pues que determinados programas han sido concebidos, planteados y diseñados en función de una intencionalidad expresa de educar y sólo esos programas se pueden calificar como televisión educativa”.
[2] Esto sin duda deja de lado la mayor parte de la programación televisiva, que si bien no persigue un fin educativo provoca en la audiencia una inquietud, una curiosidad cognoscitiva que gatilla un aprendizaje. Por otra parte, esta visión deja de lado los procesos de significación del individuo, que lo llevan a comprender nuevas situaciones y a plantearse nuevas preguntas, lo que sin duda es un elemento importante en educación, desde una visión más constructivista, donde el individuo en quien se hace cargo de su propia formación.

Si bien estoy diciendo que todo tipo de programación puede ser considerada educativa, ya que es el visionado quien toma la decisión, es necesario dejar claro que ciertos tipos de géneros y temáticas televisivas son más recomendables que otras. Dada estas reflexiones, la pregunta que se plantea es cómo asegurar una educación de calidad a través de la televisión para niños en edad preescolar, al interior del hogar. Se ha elegido esta discusión ya que se ha considerado interesante el desafío de utilizar el medio con fines educativos, en niños que de a poco van integrándose en los sistemas sociales y que además destinan mayor cantidad de tiempo a ver televisión, pasan más horas al interior del hogar debido a una escasa educación preescolar, por ende pasan más horas frente al televisor.



[1] FUENZALIDA VALERIO, Expectativas educativas de las audiencias televisivas. 2006, Cap. 4.
[2] Mª. Paz Prendes Espinosa, TELEVISION EDUCATIVA y CULTURA DE LA DIVERSIDAD. En http://www.uib.es/depart/gte/revelec5.html

3 comentarios:

chmazu dijo...

Christian

Frente a lo anterior aparece una inquietud, ¿este postulado justifica la censura? puesto que al ser transversal en su aplicacion, ayuda a generar directrices educativas al velar expresiones que atentan contra la estructura social (familia), la responsabilidad o la asimilacion de conceptos de base frente a la vida antes de conocer sus variantes en los niños? y si es asi ¿como la abordarias?

Christian Helbig dijo...

Te puedo decir que no apoyo para nada la censura, desde el aparato educativo o desde la institución por asi decirlo. Son los padres quienes tienen que tomar la decisión si exponer o no a sus hijos frente a los contendidos de la TV. Como institución solo se puede recomendar. Han ocurrido innumerables hechos de censura de los que creo ya se obtuvo un aprendizaje.
Respecto a lo segundo que comentas, mi planteamiento va más por privilegiar un tipo de educación distinta a través de la TV, basada en lo afectivo, por lo que los contenidos seleccionados van a pasar por ese filtro. En este sentido son estas directrices afectivas las necesarias para asimilar otros tipos de conceptos como tu bien dices. Aquí lo importantes es el cambio de foco al tratar los temas de educación a través de la TV, de lo racional a lo afectivo.

Agradezco tus comentarios.

chmazu dijo...

Podrias ejemplificar eso de la educacion por medio de lo afectivo

Suena interesante pero un poco dificil de aterrizar para mi


Saludos